Commentaires récents

Harold Lokes
God does not require that we be successful only that we be faithful. -Mother Teresa

Hans Teeuwen
Ik weet niet of dit grammaticaal juist is, wat ik wel weet is dat de ...

Patrika JC
I love this quote

Ivan Illich
Its very long.

Sophie McKenzie
Good quote

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N A
[En attente] Diccionario Real Academia - Hipocampo
hipocampo. (Del lat. hippocampus, y este del gr. ἱππoκαμπος). 1. m. Anat. Eminencia alargada, situada junto a los ventrículos laterales del encéfalo. 2. m. Zool. Pez teleósteo de pequeño tamaño y cuerpo comprimido lateralmente, cuya cabeza recuerda a la del caballo, que carece de aleta caudal y se mantiene en posición vertical entre las algas en que habita. El macho posee una bolsa ventral donde la hembra deposita los huevos y se desarrollan las crías.

[En attente] García Máynez. - Que es el Derecho
Es un orden concreto, instituido por el hombre para la realización de valores colectivos, cuyas normas-integrantes de un sistema que regula la conducta de manera bilateral, externa coercible son normalmente cumplidas por los particulares y en caso de inobservancia, aplicadas o impuestas por los órganos del poder jurídico.

[En attente] Cassandra Clare - Princesa mecánica
Lo que sé es que si nacemos de nuevo, te encontraré en esa otra vida, y que si hay un río, me esperarás en la orilla a que llegue a ti, para que podamos cruzarlo juntos.

[En attente] Cassandra Clare - El señor de las sombras
Es la costumbre. Mi padre me enseñó que el mundo se divide en dos categorías: a los que engañar y timar, y a los que no. Así que hay que observar a la gente, intentar averiguar de qué van. Cómo hacen tic... Igual que una máquina muy complicada. Todos vosotros estáis entrelazados; uno se mueve un poco y arrastra a los demás. Y si te vas para el otro lado, eso también dicta lo que hacen. Estáis más conectados que cualquier familia que he conocido.

Cassandra Clare - El señor de las sombras
-Emma, todo el mundo tiene miedo de algo.- Julian se acercó un poco más. Notó su hombro contra el de él-. Tememos cosas porque las apreciamos. Tememos perder a la gente porque la amamos. Tememos morir porque valoramos estar vivos. No desees no tener miedo a nada; eso sólo significaría que no sientes nada.

[En attente] Cassandra Clare - Ciudad de cristal
Tenías que hacerte amigo de un compañero de celda loco, ¿verdad? ¿No podías limitarte a contar las baldosas del techo o a domesticar un ratón como hacen los prisioneros normales?

[En attente] Cassandra Clare - Ciudad del fuego celestial.
Los héroes no son siempre los que ganan. A veces, son los que pierden. Pero siguen luchando, y siguen aguantando. No se rinden. Eso es lo que los convierte en héroes.

[En attente] Cassandra Clare - Ciudad del fuego celestial.
Somos todos los trozos de lo que recordamos. Tenemos en nuestro interior las esperanzas y los temores de aquellos que nos aman. Mientras haya amor y memoria, no existe la auténtica pérdida.

[En attente] Cassandra Clare - Ciudad del fuego celestial.
Hay cien billones de células en el cuerpo humano -explicó-. Y cada una de esas células de mi cuerpo te ama. Las células se mueren y nacen otras nuevas, y mis células nuevas te aman más que las antiguas, y por eso te amo cada día más que el anterior. Es pura ciencia. Y cuando muera y me incineren, y me convierta en cenizas que se mezclen con el aire, y sea parte del suelo, de los árboles y las estrellas, cualquiera que respire el aire o vea las flores que crecen en la tierra o mire las estrellas,.

[En attente] Gandalf - Señor De Los Anillos - poema del Señor De Los Anillos
Eso desean quienes viven estos tiempos, pero no les toca a ellos decidir. Solo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado. Hay otras fuerzas actuando en el mundo además del mal. Bilbo estaba destinado a encontrar el Anillo, por tanto tu también estabas destinado a tenerlo. Y eso es un pensamiento alentador.

Obito - Naruto - Eres como yo
Un día tus amigos te traicionarán y el amor se convertirá en odio, ya lo deberías saber, eres como yo, el odio aumentará y cambiarás, y ahora te espera más dolor.

Carmen Domingo - La fuga
Al Chato, vecino de la zona, desde que fue detenido por robar un gorrino en su pueblo, lo condenaron al fuerte. Desde muy niño, desde que se murió su padre, trabajó en la taberna del pueblo. Pero justo al comenzar la guerra la cerraron y en su casa su madre y sus ocho hermanos se quedaron sin el único sustento que entraba. Así que él, ni corto ni perezoso, salió a buscarlo. Funcionó un tiempo, pero no tardaron en pillarlo. No estaba acostumbrado a la bribonada y lo enviaron al calabozo.

[En attente] Carmen Domingo - La fuga
-Saturnino, estamos en guerra, ¿o lo has olvidado? Ya puedes ir quitándote esas tonterías de los perdones de la cabeza, que con eso no ganaremos la guerra. La Iglesia tolera lo que está pasando porque Dios dice que nosotros somos los buenos y ellos son malos. Y Dios ayuda a los buenos y castiga a los malos, ¿no? Pues en ésas estamos. Esos rojos por no tener no quieren ni tener un dios que los ampare, así que a qué molestarse con ellos. Bastante hacemos teniéndolos aquí -insistió Roberto.

[En attente] Carmen Domingo - La fuga
¿Qué es lo que pasa, señor? ¿Algún problema? -preguntó tímidamente Carlos Muñoz, el administrador del Penal de San Cristóbal, colocándose las gafas que constantemente se le resbalaban por la nariz. Tras recibir la señal que lo autorizaba a entrar en el despacho, traspasó la puerta y se giró lentamente para cerrarla. Se alegró de su prudencia, desde fuera se habían oído los gritos e hizo bien en preguntar antes de entrar al despacho en lugar de hacerlo directamente como en otras ocasiones.

[En attente] Carmen Domingo - La fuga
Parecía claro, a juzgar por todos los comentarios vecinales, que, tal como transcurrió el apresurado noviazgo, don Alfonso había decidido casarse de un día para otro con una mujer más de diez años mayor que él para mejorar en prestigio y alcanzar una clase social a la que de otro modo no hubiera accedido. Doña Julia, la afortunada novia, era duquesa y su padre uno de los requetés más conocidos de la zona. Perfecto para prestigiar su más que holgada situación económica, pero de dudoso origen.

[En attente] Ted Lewis - Carter
Aparqué el coche y me dirigí a la entrada acristalada. Había un portero con una librea a lo Tom Arnold. Pasé de largo y entré en el enorme vestíbulo. Solo había dos gorilas. Uno a cada punta, como si fueran sujetalibros. Los dos se fijaron en mí, pero me permitieron llegar hasta el mostrador de recepción. El hombre que había tras el mostrador parecía haberse graduado en la carrera del Bingo. En sus días de juventud a lo mejor había cantado baladas en alguna sala de baile de provincias.

[En attente] Ted Lewis - Carter
Miré a mi alrededor y vi a las esposas de la nueva pequeña nobleza. No había ni una que no fuera demasiado arreglada. No había ni una que no parecía estar enferma del estómago de celos de algo o de alguien. No habían tenido nada cuando eran más jóvenes; después de la guerra poco a poco habían llegado a tener de todo, y el cambio había sido tan sorprendente que no podían dejar de querer cosas, nunca estaban satisfechas. Eran la clase de personas que me hacían comprender que yo tenía razón.

[En attente] Ted Lewis - Carter
Llovía otra vez a cántaros. El neón azul brillaba en los charcos. Eric estaba junto a un Rolls Royce y miraba en dirección al pub. Esperó unos segundos, se metió en el coche y lo puso en marcha. Esperé hasta que cruzó la calzada que desembocaba en la calle principal. Me agaché, salí del pub y corrí siguiendo una hilera de coches hasta donde estaba el mío. Mientras tanto, Eric había doblado a la izquierda y se alejaba siguiendo High Street hacia el extremo norte de la ciudad.

[En attente] Ted Lewis - Carter
Corrí siguiendo la parte delantera de la casa y doblé la esquina, pero seguía sin verlo, así que continúe y doblé otra esquina, y ya volvía a estar de nuevo en la parte de atrás. Ahí estaba Albert. Frustrado en su huida. Había corrido en dirección al coche, pero Glenda le gritaba y yo tenía las llaves. Albert empezó a soltar palabrotas y Glenda gritó al verme, y Albert volvió la cabeza y también me vio, y entonces echó a correr en dirección opuesta a la casa, hacia las plantas siderúrgicas.

[En attente] Margaret Atwood - El cuento de la criada
Aquí, las aceras son de cemento. Intento no pisar las juntas, como los niños. Recuerdo cuando caminaba por estas aceras, en otros tiempos, y el calzado que solía usar. A veces llevaba zapatillas de carrera con el interior acolchado y agujeritos para que el pie respirara, y estrellas de tela fosforescente que reflejaban la luz en la oscuridad. Sin embargo, nunca corría de noche, y durante el día sólo lo hacía por las calles muy concurridas. En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.